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Extracto del libro "Camino a casa"

Camino a casa
Gwen Shaw

LA MUERTE NO EXISTE

Para el cristiano verdadero no existe tal cosa conocida como muerte, porque la “muerte” significa cesación de la vida y para el cristiano nunca existirá un momento en el que deje de existir. La vida continúa después de que el espíritu realiza la transición de su cuerpo temporal y carnal, con sus enfermedades, debilidades y envejecimiento hacia un cuerpo celestial que nunca envejece, el cual estará libre del dolor, la tristeza, las preocupaciones o el temor.

La “muerte”, si alguno desea llamarla con este nombre, es nuestra “amiga”, y servidora de Dios que corta el cordón de plata que nos retiene como prisioneros en este mundo. Un mejor nombre para esta servidora de Dios sería el de “guía angélica hacia las puertas del cielo”. Cuando entendemos la gloria y el gozo que nos espera en el cielo anhelamos su llamado y le damos la bienvenida con alegría.

Nadie que haya viajado con ella a la presencia de Dios se arrepintió alguna vez de ello. Al contrario todos buscaron y anhelaron quedarse en su nuevo hogar, el cual Jesús preparó para nosotros y desearon continuar viviendo en sus cuerpos celestiales nuevos y transformados. Aquellos que tuvieron que regresar a la tierra generalmente suplicaron quedarse en el cielo y esperar la mañana de la resurrección, cuando recibirán sus cuerpos celestiales ahora transformados y glorificados y de esa forma poder triunfar para siempre sobre los dolores que tuvieron lugar en el momento en que sus espíritus se separaron de sus cuerpos.

Si existe una cosa que es más terrible que la muerte esta es la incapacidad de morir cuando el sufrimiento es extremo y no existe esperanza de reducirlo. Apocalipsis 9:6 expresa que durante la gran tribulación el hombre sufrirá terriblemente a causa de las plagas que vendrán sobre la tierra y deseará morir pero no podrá ni siquiera suicidarse: “En aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.”  (Apocalipsis 9:6).

JESUS DESCRIBIO LO QUE LLAMAMOS MUERTE COMO NADA MAS QUE DORMIR

Jesús trató de explicar la verdad de “la inexistencia de la muerte ” cuando estuvo en la tierra. Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” ( San Juan 11:25-26).

Más temprano cuando Jesús recibió el mensaje de María y Marta de que su hermano Lázaro estaba muy enfermo dijo a sus discípulos: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo sea glorificado por ella”. ( San Juan 11:4). Jesús permaneció dos días más en el lugar. Durante aquel tiempo Lázaro “murió”.

Cuando Jesús supo que Lázaro había muerto le dijo a sus discípulos: “Vamos a Judea otra vez”. (San Juan 11:7). Jesús quería ir porque amaba a Marta, a María y a su hermano. Sabía que ellas lo necesitaban. Cuando sus discípulos trataron de impedir que fuera a Judea porque muchos de sus enemigos vivían allí, les dijo que aún quedaba un poco de luz del día en la cual aún podría hacer algunos milagros. Jesús deseaba regresar porque era el tiempo exacto de Dios. Así que para explicar la urgencia del momento dijo: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy a despertarle.” (San Juan 11:11).

¡Qué hermosa manera de describir “la resurrección de la muerte”! Para Jesús lo que nosotros llamamos “muerte” no era nada más que “dormir”. Y el milagro de la resurrección era el despertar de este sueño. Sin embargo debido a que sus discípulos no lo entendieron tuvo que hablarles en su propio lenguaje, “ Lázaro ha muerto...mas vamos a él”. (San Juan 11: 14b-15). ¿Quién escuchó alguna vez a alguien decir que iba a “visitar al muerto”? ¿No pensarían las personas que somos raros si después de oír que un amigo ha muerto dijéramos “me voy a ir a visitarlo”?

Para Jesús la “muerte” del justo no es “muerte”, porque la muerte fue vencida por él. Jesús gobierna sobre ella. Jesús pudo ver al espíritu de Lázaro regocijándose en el cielo. ¡El sabía que cuando llegara a Betania tendría que resucitarlo de la tumba y quería darle unos cuantos días más de “vacaciones” en el cielo!

LA HIJA DE JAIRO SOLO ESTABA “ DURMIENDO”

Cuando Jesús llegó a la casa de Jairo donde yacía su hija muerta y vio a las personas que estaban de luto a su alrededor llorando les dijo: “No lloréis; no está muerta, sino que duerme.” (San Lucas 8:52 b). Ellas se rieron con desprecio de él, pero su burla no impidió que Jesús “despertara” a la joven, sólo impidió que ellas vieran el milagro; ya que Jesús les hizo salir de la casa. Luego tomó la mano flácida de la joven y le llamó diciendo: “¡ Muchacha, levántate! Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó”. (San Lucas 8:54 b-55 a).

Para la joven fue un gran cambio pasar de la “Casa de los bienaventurados” a la casa de sus padres; sin embargo la alegría que trajo a sus padres cuando regresó a la vida le hizo feliz de haber regresado.

EL CIELO ES UN LUGAR HERMOSO QUE JESUS PREPARO PARA NUESTRA FELICIDAD ETERNA

Cuando Jesús estuvo con sus discípulos en el aposento alto aquella última noche de su jornada terrenal les contó un poco acerca del cielo. Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis “. (San Juan 14:1-3).

No sólo creó para nosotros un hogar hermoso y eternal , sino que también creó moradas cuyo esplendor va más allá de toda nuestra imaginación. El espera darnos la bienvenida en las puertas de perla, escoltarnos a través de las calles doradas, presentarnos a los santos de ayer, a su Padre y a los nuestros. Difícilmente pueda esperar hasta que nosotros vayamos a él, como dice la Palabra de Dios: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”. ( Salmo 116:15).

Todo el cielo está esperando para darte una fiesta de “bienvenida a casa”. La muerte de los santos es una alegría para Dios. Es como el día cuando regresé de China. Mis padres me esperaban con gran expectativa.

¿Cómo él se debe sentir cuando nos ve tan llenos de temor a morir? Cuando nosotros quienes conocemos un poco acerca de la belleza y de la paz de nuestra morada eterna tratamos a toda costa de evitarla y parecemos tan enamorados de este mundo que preferimos las compañías terrenales a la de él. ¿No se entristece el Señor por esto? ¿Será tal vez que no deseamos estar con él y por eso pasamos muy poco tiempo en su presencia y preferimos nuestras amistades y relaciones mundanas más que la suya? ¿Perdimos nuestro “primer amor” por él? - ¡ Si es que alguna vez lo tuvimos!

DEBERIAMOS ANHELAR TANTO IR AL CIELO COMO PARA QUE BUSQUEMOS UNA MUERTE PREMATURA

Viendo entonces que la Vida después de la vida es tan deseable ¿No deberíamos buscar escapar de nuestra actual existencia corporal?

¡No, mil veces no! Nuestra presente existencia corporal llamada “vida” no es sino un corto tiempo de duración fuera de la eternidad, el cual se nos asignó para vivir aquí en la tierra y darnos el privilegio de cumplir con los propósitos y planes de Dios para este planeta. ¡Si tan sólo pudiéramos darnos cuenta de los grandes honores y recompensas que tendremos en toda la eternidad por cada acción buena y bondadosa que hayamos realizado y por cada victoria ganada estaríamos muy agradecidos con Dios por la oportunidad de vivir en esta tierra!

Fue una alegría que los ángeles acompañaran a nuestros espíritus desde el cielo cuando éstos se introdujeron en nuestros cuerpos al comienzo de nuestra existencia terrenal cuando la chispa de la “vida de Dios” ingresó en nuestros cuerpos aún no desarrollados en el momento de nuestra concepción. Esto sucedió en el instante en que el esperma viviente de nuestro padre se fusionó con el óvulo viviente de nuestra madre- creando como resultado una nueva forma de vida a través de la mezcla de dos ADN diferentes, una nueva creación creada a la imagen de ambos, de su madre y de su padre y a la imagen de Dios.

En el sexto día de la creación “ ...dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. (Génesis 1:26-27).

¡Oh, qué maravilloso misterio el hecho de que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios! ¡Esto va más allá de toda nuestra capacidad de imaginación, entendimiento y comprensión! Como dijera el Apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “ ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! “ (Romanos 11:33).

¿ PORQUE LA REENCARNACION ES TAN INCORRECTA QUE SE LA PUEDE DENOMINAR BLASFEMIA?

El hombre es la más preciosa y única de todas las formas de vida porque fue creado a la imagen de Dios y es el único de su clase. Mientras que es verdad que los animales, los pájaros, los peces y otras formas de vida son también maravillosas y preciosas, ninguna de ellas se puede comparar con el hombre que fue creado a semejanza de Dios. El hombre posee más que oxígeno en sus pulmones porque tiene la chispa de la “vida de Dios” la cual es única y de gran excelencia y puede vivir eternamente. No sólo estamos hechos a la imagen de Dios sino que también poseemos la vida de Dios en nuestros espíritus. El hombre se encuentra en la categoría más alta de Dios en relación a todos los seres creados.

No existe paralelo entre la vida del hombre y otra creación de Dios tales como los animales o las plantas- aún cuando algunos de ellos son tan hermosos y necesarios. Por lo tanto la enseñanza de la reencarnación es decir el regreso del alma a la tierra en forma de un animal o planta , o alguna otra criatura, la cual algunas religiones y filósofos enseñan no es solamente errónea sino blasfema porque degrada a Dios haciéndolo descender hasta el nivel de una serpiente, insecto o incluso hasta el nivel de una planta. Aquellos que creen y enseñan tal error en estos tiempos de luz son semejantes a los hombres que describió el apóstol Pablo en Romanos 1:23 “ Y (ellos) cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”.

“ Profesando ser sabios, se hicieron necios”. (Romanos 1:22).

Viví muchos años en naciones donde se cree y enseña acerca de la reencarnación de la muerte y ví la esclavitud, el temor y la desesperanza que trae esta interminable cadena de reencarnaciones. En algunos lugares del mundo se les permite a las ratas vivir y multiplicarse aún cuando ellas destruyen las cosechas y esparcen plagas porque alguna de ellas podría ser un ser amado fallecido recientemente o un eslabón en la cadena de reencarnaciones. En el paganismo no hay esperanza. Sólo en el cristianismo encontramos la verdad que brilla a través de la oscuridad de filosofías vanas creadas por el hombre con la luz que encendida por el autor de la luz y de la vida. Por lo tanto, en el paganismo no hay vida, sólo oscuridad, ignorancia, temor, desesperanza, vacío y muerte.

JESUS VINO A LA TIERRA PARA DESTERRAR LA ESCLAVITUD DEL MIEDO A LA MUERTE

Ví el terrible miedo a la muerte que existe en las naciones donde la luz del evangelio nunca penetró la creencia y las enseñanzas de las religiones fabricadas por el hombre. Las personas no solamente temen el momento de la muerte sino que tienen miedo de la persona que murió. Esto les lleva a la adoración ancestral porque tienen miedo de que si la persona fallecida estaba disgustada con los miembros de la familia él o ella regresará para perseguiles.

Este miedo lleva a las personas hacia una terrible esclavitud. Sin embargo cuando escuchan el Evangelio y aceptan a Jesús como su salvador son maravillosamente liberadas del temor a la muerte que las mantuvo en esclavitud toda su vida.

Cuando aquellas queridas almas aceptaban a Jesús como su señor y salvador, querían limpiar sus hogares de todo control e influencia demoníaca para siempre. Muchas veces me llamaban para ir a sus casas donde derribábamos los altares de los demonios y de los espíritus de sus antepasados fallecidos y ordenábamos a los espíritus que gobernaban la casa dejarla. Con frecuencia se veía a los demonios salir a través de las ventanas abiertas. Derribábamos sus altares, los llevábamos al jardín y los quemábamos. Luego clamábamos por la protección de la sangre de Jesús sobre los miembros de la casa. Cantábamos dos o tres de los benditos himnos del Evangelio, leíamos la Palabra de Dios y colocábamos una Biblia o un Nuevo Testamento en la casa. Después de pedir al Señor que enviara sus ángeles para proteger a los miembros de la familia los dejábamos en paz. ¡Qué diferencia hace la luz del evangelio!

El escritor de la carta a los Hebreos dice: “Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. (Hebreos 2:13-15).

Gracias a Dios por su hijo Jesús quien vino a este mundo perdido y una vez más pronunció el mandamiento “¡HAGASE LA LUZ!” . Junto al apóstol Juan podemos verdaderamente dar testimonio “... Y vimos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad”. (Juan 1:14).

Es esta luz de la verdad respecto a la muerte de los justos la cual hizo libres a los seguidores de Cristo del aguijón de la muerte. Como el apóstol Pablo escribiera a la iglesia de Corintios: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria? “. (1 Corintios 15:55).

¿ PORQUE DEBERIAMOS VISITAR LAS TUMBAS DE NUESTROS SERES AMADOS?

Es bueno visitar las tumbas de nuestros seres amados. Aunque es cierto que ellos no están allí , ya que están con el Señor, no obstante es una buena señal visitar sus tumbas. Esto le muestra al enemigo que estamos reclamando la restauración de nuestros seres amados en la mañana de la resurrección. Es un “reclamo basado en la Palabra de Dios” ya que se refiere a la resurrección de la muerte en Cristo. El llevarles flores y embellecer sus tumbas no es una indicación de adoración ancestral, sino una señal de respeto, honor y amor hacia y por aquél que fue precioso para nosotros en esta vida. No vamos a orar a ellos ni tampoco a buscar su consejo. Simplemente vamos para reflexionar y agradecer a Dios por los tiempos felices que tuvimos con ellos en el pasado y por las alegrías que nos esperan cuando nos reunamos. Si la que visitamos es la tumba de nuestros padres, podríamos orar para que nunca vivamos de tal manera que traigamos deshonra a su nombre. Y si hemos pecado, es un buen lugar para hacer las paces con Dios.

Cuando vivía en Hong Kong solía visitar el cementerio Happy Valley, donde muchos de los misioneros de ayer descansan esperando la mañana de la resurrección. Una de las tumbas que recuerdo es la de Robert Semple (el esposo de Aimee Semple McPherson) quien falleció siendo un joven misionero poco tiempo después de que él y su esposa llegaran a la tierra de su llamado. Otra tumba es la de mi amiga Betsy Park, una misionera de las Asambleas de Dios. Aquel hermoso, tranquilo y frío jardín resguardado por muchos árboles era como un oasis en medio de todo el ajetreo y el ruido de una ciudad bulliciosa y agitada.

Fue en el funeral de Betsy que canté aquel hermoso himno:

En el Monte Sion

Allí me espera un alegre mañana

donde las puertas de perlas se abrirán de par en par;

Y cuando haya atravesado este valle de pena,

al otro lado he de acampar.

Algún día fuera del alcance de la comprensión humana

algún día, sólo Dios sabe exactamente dónde y cuándo

toda la maquinaria de la vida humana se detendrá

y al monte Sion iré a morar.

Algún día escucharé a los ángeles cantar

más allá de las sombras de la tumba

y a todas las campanas del cielo repicar

mientras los santos irán cantando “Hogar, dulce hogar”.

Algún día mis labores acabarán

y todas mis divagaciones cesarán

y todos los lazos terrenales rotos se restaurarán

y no suspiraré ni lloraré nunca más.

Algún día las oscuras nubes se desvanecerán

y toda la noche de tristeza en el pasado estará

y todas las preocupaciones de la vida se disiparán

y el día de descanso finalmente amanecerá.