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DEJANDO PARTIR A AQUEL
QUE AMAMOS
Estoy convencida de que muchas veces obligamos a nuestros seres
amados a permanecer en sus lechos de sufrimiento por más tiempo
porque nos rehusamos a permitir que el Señor los lleve a Casa. En
lugar de buscar la voluntad de Dios, pedimos que el Señor escuche
nuestras oraciones y que haga lo que nosotros queremos que él haga.
Como resultado, nuestros seres amados continúan sufriendo
innecesariamente por muchos días hasta que finalmente no podemos
soportar ver su dolor y miseria y los liberamos a la voluntad de
Dios. Tan pronto como hacemos esto, parece como si ellos “volaran” a
su mansión celestial. El Señor puede llevarlos a casa y termina su
sufrimiento.
¿Porqué nos aferramos a nuestros seres amados? ¿Será porque pensamos
que lo mejor es que vivan por más tiempo? ¿ O es porque no podemos
soportar la idea de perderlos? Algunos de nosotros preferiríamos
seguir aferrándonos a nuestros seres amados sin importar cuánto
estén sufriendo o cuán mentalmente discapacitados estén antes que
tener que vivir el resto de nuestras vidas sin ellos. Me temo que
esto no se debe a que le amamos demasiado, sino a que nos amamos a
nosotros mismos.
Nuestras
oraciones pueden detener al Señor de llevarse a nuestro ser amado a
casa.
Una de nuestras
Siervas del Tiempo Final estuvo sirviendo al Señor en Taiwán por
varias semanas. Durante aquel tiempo su marido, quien se encontraba
en perfecto estado de salud cuando ella partió de casa, falleció
inesperadamente de un ataque al corazón. Ella tomó el primer vuelo
posible de regreso a los Estados Unidos. Estaba shoqueada y triste
de pensar que Dios se había llevado a su esposo mientras le estaba
sirviendo. Cuando le preguntó a su pastor: “¿Porqué se llevó Dios a
mi esposo mientras estaba en el campo misionero? Su pastor
sabiamente le respondió: “Porque si hubieras estado en casa, nunca
le hubieras permitido a Dios que se lo llevara.” Esta sierva era una
poderosa intercesora y como Moisés podía mover el corazón de Dios.
Frecuentemente Dios responde a nuestras oraciones, no obstante envía
mortandad a nuestras almas porque no es lo mejor para nosotros.
(Salmos 106:15).
Se cuenta la
historia acerca de la muerte de la esposa de Smith Wigglesworth,
Jane, a quien Smith llamaba cariñosamente “Polly”. En el año 1913
cuando Jane estaba atendiendo un compromiso para predicar falleció
repentinamente. Sus amigos trajeron su cuerpo hasta su casa. El
hermano Wigglesworth les dijo que la pusieran en la cama. Cuando se
fueron, Wigglesworth comenzó a orar. En el nombre de Jesús reprendió
a la muerte y le ordenó que la dejara. Polly abrió sus ojos y lo
miró directamente a los ojos.
-“¿Porqué hiciste esto Smith?” preguntó Polly.
-“Polly, te
necesito.” dijo Smith.
-“Smith, mi trabajo está terminado.” Polly respondió. “Dios me quiere a su
lado”.
Polly y Smith dialogaron por un rato, entonces Wigglesworth dijo: -“ Está bien, te
dejaré ir.”
Polly
se recostó sobre la almohada y partió con el Señor. Smith se sometió
a la voluntad de Dios. Desde aquel día la unción de Dios estuvo
sobre su vida y se convirtió en uno de los hombres más renombrados
del mundo por su fe y autoridad.
Dios sabe lo que es mejor.
Dejémosle nuestro ser amado a él.
Me encanta este poema escrito por
una autora no muy conocida que expresa la petición de quien Dios
llamara a su presencia:
¿DEBERIA
PARTIR AHORA?
¿Debería partir ahora?
¿Piensas que es el tiempo
correcto?
¿Debería decir adiós a
los días llenos de dolor
y a las largas noches sin
dormir?
Viví mi vida e hice lo
mejor
un ejemplo traté de ser
¿Puedo entonces dar un
paso más
y mi espíritu liberar?
Al comienzo no deseaba
partir
luché con todo mi ser
Pero ahora algo parece
llevarme
hacia una luz cálida y
amorosa.
Deseo partir, realmente lo deseo
me resulta difícil quedarme
pero lo intentaré lo mejor que pueda
vivir sólo por un día más.
Para darte tiempo para cuidarme
y compartir tus miedos y tu amor.
Sé que estás triste y temeroso
lo veo en tus lágrimas.
No me iré lejos, lo prometo,
y espero que siempre lo sepas
que mi espíritu estará cerca de tí
adondequiera que vayas.
Gracias amado por amarme,
tú sabes que te amo también,
por eso es difícil decir adiós,
y esta vida contigo terminar.
Por eso bésame ahora, sólo una vez más,
y permíteme escucharte decir
que porque te preocupas tanto por mí
hoy me dejarás partir.
— Susan A. Jackson
Mientras el poema mencionado arriba expresa los sentimientos
de un corazón puro y bueno, existe algo triste acerca de él. La
autora no parece conocer al Señor Jesucristo como su salvador
personal, ni tampoco tiene la esperanza de encontrarse con él
después de la muerte. La autora habla solamente de una “luz cálida y
amorosa.”
Mientras el sufrimiento es una cosa difícil de experimentar éste
ayuda al enfermo a partir de este mundo y también ayuda a sus seres
amados a dejarlo ir. Quizás esta es una de las razones por las
cuales Dios tiene que permitir que algunas personas sufran.
LAS
“ALAS DE MARIPOSA” DE MI PADRE
Permíteme contarte acerca de cuando mi padre falleció y
consiguió sus “alas de mariposa”.
Recuerdo que mi
padre era un hombre alto, de buena contextura, robusto y guapo.
Siempre estuve orgullosa de él. Era su única hija así que habían
estrechos lazos entre nosotros. ¡Todavía puedo ver su sonrisa y sus
lágrimas también!
Mi padre vino a
la India a visitarme cuando estaba levantando la carpa para
evangelizar en el norte de India. Después que regresó a casa no se
sentía bien. Comenzó a tener problemas intestinales. Me encontraba
ministrando en Alemania cuando supe que mi padre tenía cancer.
Quería ir a casa inmediatamente, sin embargo el Señor me habló que
esperara por un tiempo. Estaba llevando Biblias a través de la
cortina de hierro y este trabajo era muy importante.
Entonces un día el Señor me habló claramente y me dijo que
iba a llevarse a mi padre a Casa. Me dijo que debía regresar a casa
y permanecer con mi padre durante los últimos días de su vida.
También me dijo que no fuera a pedirle que sanara a mi padre porque
este era su tiempo para ir a casa con Dios.
Cuando entré en su habitación donde estaba recostado en
su cama me sobresalté por su apariencia, mi padre se había
deteriorado tanto desde la última vez que lo había visto no hacía
mucho tiempo atrás. Estaba delgado y amarillo. Sin embargo estábamos
felices de estar juntos. Le ayudé a mi madre a cuidar de él. No
tenía dolor no obstante estaba muy débil. Mi padre había sido una
vez tan fuerte que podía levantar un objeto de cuatrocientos
cincuenta kilos, sin embargo ahora estaba tan débil que no podía
hacer sonar una pequeña campana. Nunca sintió dolor y nunca necesitó
una pastilla para el dolor aún cuando su cuerpo estaba lleno de
cáncer. Sin embargo mientras yacía allí en su cama detesté verlo tan
débil e indefenso. Difícilmente podía alimentarse y mi madre no
tenía fuerzas para levantarlo. Jim voló desde California para ayudar a cuidar de él. Todavía no estábamos casados, sin
embargo se convirtió en un enfermero para mi padre. Su amabilidad y
amor fueron un regalo de Dios para mi padre, mi madre y para mí.
Me estaba poniendo ansiosa porque mi padre se demoraba en
partir. Había hecho planes para ministrar en la India y me temía que
tendría que cancelarlos. Comencé a pedirle al Señor que por favor se
llevara a papá a Casa. La carga se estaba volviendo pesada.
Entonces el Señor me habló muy firmemente y me dijo: “¡No te
atrevas a pedirme que me lleve tu padre a Casa ni un día antes de
que sea su tiempo para ir!” Entonces Dios me mostró un gusano en el
proceso de convertirse en mariposa. Estaba en su capullo esperando
para que se formaran sus alas. Si alguien quisiera acelerar las
cosas y abrir el capullo destruiría las obras creativas de Dios y la
mariposa nunca tendría sus hermosas alas de colores ni tampoco
podría de volar. Dios me mostró que fue a través de su sufrimiento
que mi padre estaba siendo perfeccionado espiritualmente y
transformado en la semejanza de Jesús. El Señor me dijo que le
hablara a mi padre y que le compartiera lo que él me había mostrado,
porque mi padre estaba muy preocupado de que su enfermedad me estaba
impidiendo hacer la obra del Señor. Mi padre conocía mi gran amor
por India y mi carga para regresar allí.
Aquella mañana me arrodillé al costado de la cama de mi padre
y le dije lo que había en mi corazón: “ Papi, siento que estás muy
ansioso porque el Señor te lleve a casa, de tal manera que yo pueda
estar libre para regresar al campo misionero, sin embargo Dios me
dijo que todos debemos esperar su perfecto tiempo porque él está
haciendo una obra en tu vida. Te está transformando en una hermosa
mariposa. A través de tu sufrimiento una obra de gracia y perfección
está siendo realizada en tu vida, la cual no podría lograrse de
ninguna otra manera. Todos debemos ser pacientes papi.”
Las lágrimas se acumularon en sus ojos y rodaron por sus
mejillas. Inclinó su cabeza lentamente y dijo: “Hija, tienes razón!”
Entonces acariciando mi mano añadió: “¡Nunca dejes de predicar el
Evangelio!”. La única cosa que vale la pena en este mundo es salvar
las almas. Todo lo demás es basura.”
Muchos días después vi que estaba luchando para poder
respirar. Llamé al doctor y le pedí que por favor viniera y viera a
mi padre y trajera alguna clase de oxígeno. El doctor se negó a
venir porque era el comienzo del fin de semana en que se celebraba
el día del trabajador (en aquel momento estábamos viviendo en las
cataratas del Niágara, Nueva York). El doctor dijo: “si desea ayudar
a su padre llame a una ambulancia y llévelo al hospital”.
Traté de razonar con él: “Pero mi padre no quiere regresar al
hospital, mi madre y yo queremos cuidar de él aquí en casa”.
Esto hizo que el doctor se enojara y dijo: “Le causarán un
sufrimiento terrible por semanas. Se pondrá peor y peor hasta que
muera en agonía. ¡Les digo que lo lleven al hospital!”.
Cuando colgué el teléfono me volví hacia Dios y le dije:
“Señor, esto es lo que dice el doctor, ahora tú contradecirás a
aquel hombre”.
Fui al costado de la cama de mi padre, me senté con un
himnario y comencé a cantar acerca del cielo. Mi madre se unió a mí
y Jim hizo lo mismo. Cantamos canción tras canción por cerca de
treinta minutos y mientras estaba mirando a mi papi ví que “se quedó
dormido” en Jesús. Mi madre no se dió cuenta de esto, ni tampoco Jim.
Mamá se puso de pie para mover los pies de mi padre y a medida que
lo hacía dijo: “¿Ed están tus pies fríos? Sus pies estaban
cubiertos. Mi madre dió la vuelta al otro lado de su cama. No se dió
cuenta que mi padre no estaba más con nosotros. ¡Sólo yo lo supe!
Despacio le dije: “¡Mami, papá se
ha ido!” Cuando miré hacia arriba, “ví” en el espíritu a su espíritu
ascendiendo hacia Dios. Papá se detuvo en la esquina de la
habitación para mirar hacia atrás donde estábamos nosotros y
entonces le dije: “gracias papi, por orar por mí cuando estaba
perdida. ¡Nunca perdiste la esperanza de que algún día sería salva!”
Regresé a donde estaba el teléfono
y llamé al doctor nuevamente. “ Mi padre acaba expirar” le dije.
Apenas había transcurrido una hora desde que había hablado con él la
última vez cuando me dijo que mi padre sufriría por muchas semanas.
No podía creerlo. ¡Probablemente no lo hizo! ya que dijo: “Iré para
allí ahora mismo”.
Mientras esperaba por el doctor le pregunté a Dios: “¿Señor,
porqué papá no tuvo que sufrir como el doctor dijo que sufriría?”
El Señor me respondió con palabras que nunca olvidaré:
“Porque tu padre nunca causó alguna vez que alguien más sufriera
hablando mal o hiriéndo a la persona con palabras crueles. Nunca
desparramó el chisme y ni siquiera compartió jamás la verdad acerca
de alguien si sentía que esto daría un mal informe de aquella
persona. Nunca causó dolor con su lengua, por lo tanto yo nunca
permitiría que él que sufra”.
Cuando el doctor terminó de examinarlo y de firmar el
certificado de defunción llamó al jefe de la funeraria para que
viniera y se llevara el cuerpo de mi padre. ¡El doctor estaba
atónito! Cuando el doctor se sentó allí donde estaba el teléfono le
dije: “Usted dijo que mi padre sufriría, sin embargo él no sufrió.
Le diré porqué.” Y entonces le dije lo que Dios me había dicho. El
doctor movió su cabeza, esto estaba más allá de él. Estoy casi
segura de que el doctor era judío. Creo que esto fue un testimonio
para él de la grandeza de nuestro Jesús.
Esto sucedió en septiembre de 1972. Todavía hoy extraño a mi
padre. Sin embargo sé que nos encontraremos nuevamente y que él
estará bien, fuerte y buen mozo como era cuando mi madre se enamoró
de él. Y tendrá una belleza en Cristo que nunca tuvo antes de que
sufriera. Tendrá sus “alas de mariposa”.
¡Es
por este motivo que la eutanasia es tan incorrecta! No le damos
tiempo a Dios de hacer “mariposas”. Es en los días de dolor y
sufrimiento que Dios realiza una obra en nosotros, la cual no le
permitiríamos hacer en nuestros días saludables. Cuando somos
jóvenes, fuertes y saludables pensamos que tenemos todo el tiempo
para prepararnos para la eternidad. Sin embargo cuando Dios nos pone
en el lecho de enfermedad tenemos tiempo para mirar en nuestros
corazones y ser honestos con nosotros mismos. Le damos a Dios y a
nosotros mismos el tiempo para hacernos hermosos por toda la
eternidad.
Mi vida no es si no un tejido,
entre mi Señor
y yo,
No puedo elegir
los colores
él trabaja con
determinación.
A menudo él
teje tristeza,
y
en mi necio orgullo
me olvido que
él ve desde arriba
lo que yo veo
desde abajo.
No es sino
hasta que el telar está en silencio
y las
lanzaderas dejan de pasar
que Dios
desenvuelve la tela
y explica la
razón del porque.
Los hilos oscuros son tan necesarios
en la mano
habilidosa del hilador
como lo son
los hilos de plata y oro
en el diseño
que él planeó.
Grant Colfax Tullar
Las enseñanzas de Jesús nos advierten muy seriamente que el
tiempo para prepararnos para el bienestar eterno de nuestras almas
es mientras estamos aquí en la tierra. Esto no nos dá ninguna
esperanza de poder orar para que nuestros seres amados salgan de
purgatorio, como algunas veces se enseña por los teólogos de la
iglesia.
El énfasis está dado en
aceptar la salvación mientras estamos vivos. Tu alma es aquella
“vida de Dios” la cual te fue dada por Dios mismo. Jesús advirtió
que es posible para una persona ganar a todo el mundo y perder su
propia alma. Jesús también preguntó: ¿O qué recompensa dará el
hombre por su alma? (San Mateo 16:26).
La Palabra de Dios también nos
advierte que debemos preocuparnos por la salvación de aquellos que
no conocen al Señor como su salvador. El Espíritu Santo desea que
les testifiquemos. Uno de los más grandes ministerios es el de ser
capellán en un hospital.
Cuando vivía en Hong Kong
dediqué un año durante el tiempo de la Pascua para ministrar a los
enfermos y a aquellos que estaban muriendo en los hospitales. Fue
una experiencia muy gratificante y me dio mucha alegría , aunque fue
difícil el ver tanto sufrimiento.
Podemos rescatar a las
personas de las llamas del infierno en las últimas horas y momentos
de sus vidas diciéndoles acerca de la gracia salvadora de Jesús y
podemos ayudarles a dar sus primeros pasos hacia el cielo.
Querido lector, si
usted nunca aceptó a Jesús como su señor y salvador, deténgase ahora
mismo y ore esta oración:
LA
ORACION DEL PECADOR
Querido Jesús,
reconozco que soy un pecador. Tú conoces todos mis pecados y me
arrepiento por los pecados que cometí. ¡Por favor perdóname! Creo
que moriste por mí y que derramaste tu sangre para limpiar mis
pecados. Por favor limpiame de mis pecados ahora. Ven a mi corazón.
Te entrego mi vida. Ya sea que viva o que muera , viviré para tí
desde ahora en adelante. Gracias por amarme y por escuchar mi
oración, la cual oro en el nombre de Jesús. Amén.
Traducción al español Fabiana Rodriguez. Departamento
de Traducción S & STF
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