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NUNCA DEBERIAMOS TENER
MIEDO A LA MUERTE
Jesús alentó a las siete iglesias de los días de Pablo y de
Juan : “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a
algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis
tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la
vida.” (Apocalipsis 2:10). Jesús sabía que estaban viviendo en tiempos de
tribulación. Sin embargo deseaba que supieran que cuando el sufrimiento
terminara usarían una eterna corona de gloria la cual nunca se desvanecería.
Nunca deberíamos tener miedo a la muerte. Existen algunas
cosas a las cuales deberíamos temer más que a la muerte.
El Señor no desea que estemos temerosos acerca del paso de
esta vida a la próxima. La manera en que aceptas tu muerte es la prueba más
grande de amor que le puedes dar al Señor. Nos deberíamos regocijar porque
sabemos que pronto estaremos yendo para verlo a él. Fanny Crosby la gran
escritora de canciones se regocijaba en que era ciega porque dijo: “La primera
cara que alegrará alguna vez mi vista será la de mi salvador.” Este tema se
expresa maravillosamente en su precioso himno:
“Mi salvador primero que todo”
Cuando se termine mi vida de trabajo
y cruce la marea agitada
cuando vea la brillante y gloriosa mañana,
a mi redentor conoceré
cuando llegue al otro lado,
y su sonrisa sea la primera que la bienvenida me dé.
Lo conoceré, lo conoceré
y redimida a su lado estaré,
Lo conoceré, lo conoceré
por la huella de los clavos en su mano.
De la misma manera que ofreciste tu vida al Señor ofrécele tu
muerte. Debes estar preparado para ser un héroe o un mártir en cualquier
momento. Debes siempre estar listo para ir hacia él sin ningún remordimiento por
la manera en que viviste. Sé cuidadoso en no desperdiciar nunca un momento de tu
vida.
Di en tu corazón que aún cuando no tengas que sufrir la
muerte elegirías morir a fin de poder identificarte con él en su sufrimiento y
en su muerte. Cuando llegue el tiempo de que mueras darás gran gloria a Dios por
medio de una sumisión completa a su voluntad. Nunca tengas miedo de perder tu
breve vida en la tierra a causa de la reunión eterna con el Amado. Piensa acerca
de la muerte como el “nacer a la plenitud de la vida”.
Cuando estés con el Señor tendrás por siempre que alabarle.
Tu vida sobre la tierra es demasiado breve como para expresar toda la gratitud
que hay en tu corazón. A medida que envejeces tu frágil cuerpo no tiene la
fortaleza para adorarle y alabarle como a tí te gustaría. Sin embargo con un
cuerpo nuevo podrás arrodillarte, gritar, cantar con una voz maravillosa y
clara, levantar tus manos en alto y danzar por cientos de años. Ahora te parece
difícil permanecer por mucho tiempo en su presencia, sin embargo entonces
tendrás una fuerza ilimitada para alabar al Señor y para servirle en una manera
incluso mayor que cuando lo hiciste cuando eras joven y fuerte.
La mayoría de nosotros vive como si fuéramos a permanecer en
la tierra para siempre. ¡Muy rara vez dedicamos aún un pensamiento a la vida en
el más allá y nos permitimos estar solos para prepararnos para ella! ¿Porqué no
comenzamos a prepararnos para la eternidad ahora?
Cada cumpleaños te lleva más cerca del final del camino de tu
vida. Sin embargo no tengas miedo del final. Tu gran Amigo está esperando por tí.
El estuvo escondido de tí por tanto tiempo. Ansiaste tanto verle.
Estuviste tan triste a causa de la soledad por él. El te
llevará en sus brazos amorosos y nunca más estarás solo, nunca más.
Al final conocerás la verdadera paz y el verdadero descanso.
No habrá nadie que te amenace o que destruya tu gozo en aquel lugar maravilloso
llamado cielo. Tu corazón debería exclamar: ¡“Por favor ven por mí mi amado
Jesús!”
Estarás por siempre unido con aquellos a quienes llamaste
amigos. E incluso aquellos que no fueron amables y que murieron antes que tú se
han lamentado por largo tiempo de sus errores y pidieron perdón al Señor por lo
que hicieron para causarte dolor. Podrás perdonarles cuando te encuentres con
ellos en las puertas de perla. Allí los hijos de Dios se unirán como miembros de
un solo cuerpo, teniendo sólo un deseo, una visión, un objetivo. Nunca conociste
esa unidad. Aquí en la tierra el pueblo de Dios tanto Israel como la iglesia
tuvieron muchas divisiones, sin embargo allí todos seremos UNO en el corazón
para la gloria de Dios. Tu casa está esperando por tí. Todos entrarán a través
del mismo pacto de sangre.
Mantén siempre tu corazón lleno del amor de Dios. Jesús vive
en tu corazón. No hagas que él comparta aquel lugar en tu corazón con espíritus
de enojo, odio y falta de perdón a los cuales te has aferrado. Mantén tu corazón
en paz y lleno de gozo de tal manera que Jesús tenga una casa feliz como aquella
que él está preparando para tí. Permite que cada respiración sea un hálito de
dulzura en el aire a medida que se mezcla con el dulce Espíritu de Dios y con el
amor de Jesús. Entonces tu último aliento será la liberación de tu propio
espíritu hacia Dios.
Sé como Jesús. Mantén el espíritu de amor y de humildad.
Cuando corrijas a otros no los humilles. Ten un espíritu tierno. Pide a Dios que
te ayude a entender a aquellas personas que son difíciles.
No verás a Dios hasta que tu alma salga para ir hacia él. No
obstante podrás conocerle mejor a medida que vivas cerca de su corazón cada día
que te resta de vida. Y tendrás un gran anhelo de verle. Y estarás listo para ir
al cielo al primer llamado, porque tu amor por él te liberará de la tierra. El
desea que vayas a él con alegría y no con lágrimas o pena porque estás dejando
este mundo. Esta es la clase de muerte que honra al Señor.
Si lo amas con todo tu corazón tu espíritu volará hacia él
con alegría. Si amas este mundo con todo tu corazón tratarás de volar lejos de
él cuando escuches que él te llama. Cuando esto sucede, algunas veces el Señor
tiene que retroceder y esperar un poco más hasta que el corazón está más
preparado. Y entonces sufrirás innecesariamente hasta que tu espíritu esté
preparado para ir a casa con Dios o hasta que él no pueda esperar más y tenga
que llevarte mientras estás todavía luchando por tu vida y te encuentras
renuente a ir con él, porque él conoce lo que es mejor para ti y de qué
tristezas y problemas te está salvando. Porque el fin vendrá, pues tanto como
que existió un comienzo habrá un final para tu vida terrenal y es imposible
evitarlo.
Confía que Dios conoce lo que es mejor. Isaías 57:1 dice:
“Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay
quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo.”
Gran gozo les espera a aquellos que vivieron para agradar al
Señor y gran remordimiento para aquellos que vivieron para agradarse sólo a
ellos mismos.
No busques hoy el aplauso de los hombres. Espera hasta que el
telón de tu vida descienda. Habrá abundancia de aplausos y gloria esperando por
tí junto con maravillosos bouquets de flores. Sé paciente y espera por aquel
día.
Necesitas coraje, coraje para vivir y coraje para morir.
Mientras tanto sé generoso con aquellos que tienen tan poco para dar porque no
conocieron la clase de amor que tú has experimentado.
Intenta siempre lo mejor para perdonar a aquellos que te
hirieron con palabras crueles. Le das gran alegría al Señor cuando perdonas. Tus
propios fracasos serán perdonados cuando perdones a otros. Siempre recibirás lo
que des. Aquellos que odian frecuentemente lo hacen porque recibieron sólo odio
y rechazo y lo más que reciben lo más que dan, hasta que se convierte en un
círculo vicioso.
Intenta vivir como te gustaría que las cosas fuesen en el día
de tu muerte. Recuerda que pronto te unirás a los ángeles y a los santos. La
vida de este lado es el anochecer. Cuando cruces al otro lado será por siempre
de mañana.
No sabes cuán generoso es el Señor. El desea darte más allá
de lo que pides. El desea que lo honres con una fe más grande por su amor y
bondad hacia ti. Pide por cosas mayores porque hay milagros más grandes por
delante esperando para suceder a aquellos que se atreven a pedir por ellos.
Recuerda, el Señor es todopoderoso y te ama con gran amor- un amor más grande de
lo que puedes siquiera soñar.
Permanece siempre cerca del Señor y busca traer a otros
dentro de la misma intimidad. Algunos no te entenderán, otros se burlarán de ti
y te perseguirán. Lo más cerca que estés del Señor, lo menos que esto te
importará y lo más que te volverás como el Señor. El Señor está viniendo pronto
por ti. Tu vida terrenal no durará mucho más. Los años vuelan como una pluma en
el viento.
Sé amable con otros aún cuando no lo merezcan. Da de ti mismo
a aquellos que nadie ama como Cristo se dio a sí mismo por nosotros. El es tu
razón para ser amable y bueno. Esta es una razón suficiente.
Espera con expectativa la maravillosa vida que te espera.
Cuenta cada día como si fuera tu último día en la tierra. Trata de terminar cada
trabajo que el Señor te dé para hacer.
Habla con el Señor todo el tiempo. Entonces tendrás tiempo
para sentarte sólo en su presencia y descansar. Mantenlo cerca de tu corazón.
Cae dormido cada noche en sus brazos. Una mañana muy pronto te despertarás en
sus brazos y serás por siempre feliz.
En esta última parte del viaje de tu vida permanece muy cerca
del Señor. Camina codo a codo con él y agarra su mano. Nunca corras delante de
él ni detrás. Marcha con su banda angélica y danza con su orquesta celestial.
Comienza a cantar las canciones del cielo ahora, entonces ellas no serán nuevas
para ti cuando llegues a Casa. El Señor apenas puede esperar hasta que puedas
oír a los millones del coro celestial cantar sus cánticos de alabanza al Señor,
los cuales son el tema de las melodías del paraíso. El sabe cuánto amarás la
música celestial. Y él tiene una canción especial que ellos han practicado sólo
para tí. Cuando la escuches todas tus heridas se sanarán por medio del sonido de
la música.
Siempre te sentirás como si quisieras hacer un poco más de
trabajo para el Señor; sin embargo aún cuando sientas esto tienes que saber que
a causa de la visión que él te dio siempre verás los campos de la cosecha sin
recoger delante de tí. Tienes que dejar un poco de trabajo para otros. Pronto
será el tiempo para que entregues tu azadón y recojas la paga del día del Señor
de la cosecha.
No te permitas el estar preocupado acerca de las finanzas. El
Señor se encargará de estas necesidades. Cuando llegues al cielo los cobradores
de cuentas no te podrán alcanzar en tu nuevo domicilio. Busca pagar tus deudas
tanto como te sea posible y deja el resto para que otros se preocupen. Entrega
tus lazos terrenales al Señor.
La vida en la tierra no es sino sólo un sueño. El cielo es la
verdadera realidad. Prepárate para “vivir” realmente. No tendrás que golpear a
la puerta del cielo porque el cielo es tu casa. La puerta está abierta todo el
tiempo para ti. Puedes entrar con mucha frecuencia a través de tus oraciones,
sin embargo esta vez vendrás para quedarte.
Allí te encontrarás no sólo con tu familia que se fue antes
sino también con los santos del Antiguo y Nuevo Testamento, los grandes santos
de todos los tiempos y las tantas personas cuyas vidas tocaste mientras estabas
en este viaje terrenal. ¡Qué alegría aquello te dará!
Los ángeles estarán esperando por ti. Ellos estuvieron
trabajando junto a tus seres amados confeccionando tus vestiduras celestiales. Y
cuando llegues ellas te adornarán con una belleza tal la cual nunca soñaste. Los
ángeles sólo quieren ver tu sonrisa feliz. Esa será su recompensa.
Y lo mejor de todo es que estarás con Aquel para quien
viviste, Aquel quien te amó lo suficiente como para sacrificar su vida para
comprarte para que seas su novia. Nunca conociste tal amor en la tierra. No
existe comparación. Tú estás en su corazón y él debe estar en el tuyo.
Extiende tu mano hacia él, y reconocerás su mano por las
heridas de los clavos.
¿Estás listo? ¿Estás preparado para decir “adiós”?
Traducción al español Fabiana Rodriguez. Departamento
de Traducción S & STF
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