Going Home, Part 2- by Gwen Shaw

Siervas y Siervos del Tiempo Final

Going Home, Part 2- by Gwen Shaw

 

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DEJANDO PARTIR A AQUEL QUE AMAMOS

Estoy convencida de que muchas veces obligamos a nuestros seres amados a permanecer en sus lechos de sufrimiento por más tiempo porque nos rehusamos a permitir que el Señor los lleve a Casa. En lugar de buscar la voluntad de Dios, pedimos que el Señor escuche nuestras oraciones y que haga lo que nosotros queremos que él haga. Como resultado, nuestros seres amados continúan sufriendo innecesariamente por muchos días hasta que finalmente no podemos soportar ver su dolor y miseria y los liberamos a la voluntad de Dios. Tan pronto como hacemos esto, parece como si ellos “volaran” a su mansión celestial. El Señor puede llevarlos a casa y termina su sufrimiento.

¿Porqué nos aferramos a nuestros seres amados? ¿Será porque pensamos que lo mejor es que vivan por más tiempo? ¿ O es porque no podemos soportar la idea de perderlos? Algunos de nosotros preferiríamos seguir aferrándonos a nuestros seres amados sin importar cuánto estén sufriendo o cuán mentalmente discapacitados estén antes que tener que vivir el resto de nuestras vidas sin ellos. Me temo que esto no se debe a que le amamos demasiado, sino a que nos amamos a nosotros mismos.

Nuestras oraciones pueden detener al Señor de llevarse a nuestro ser amado a casa.

Una de nuestras Siervas del Tiempo Final estuvo sirviendo al Señor en Taiwán por varias semanas. Durante aquel tiempo su marido, quien se encontraba en perfecto estado de salud cuando ella partió de casa, falleció inesperadamente de un ataque al corazón. Ella tomó el primer vuelo posible de regreso a los Estados Unidos. Estaba shoqueada y triste de pensar que Dios se había llevado a su esposo mientras le estaba sirviendo. Cuando le preguntó a su pastor: “¿Porqué se llevó Dios a mi esposo mientras estaba en el campo misionero? Su pastor sabiamente le respondió: “Porque si hubieras estado en casa, nunca le hubieras permitido a Dios que se lo llevara.” Esta sierva era una poderosa intercesora y como Moisés podía mover el corazón de Dios. Frecuentemente Dios responde a nuestras oraciones, no obstante envía mortandad a nuestras almas porque no es lo mejor para nosotros. (Salmos 106:15).

Se cuenta la historia acerca de la muerte de la esposa de Smith Wigglesworth, Jane, a quien Smith llamaba cariñosamente “Polly”. En el año 1913 cuando Jane estaba atendiendo un compromiso para predicar falleció repentinamente. Sus amigos trajeron su cuerpo hasta su casa. El hermano Wigglesworth les dijo que la pusieran en la cama. Cuando se fueron, Wigglesworth comenzó a orar. En el nombre de Jesús reprendió a la muerte y le ordenó que la dejara. Polly abrió sus ojos y lo miró directamente a los ojos.

-“¿Porqué hiciste esto Smith?” preguntó Polly.

-“Polly, te necesito.” dijo Smith.

-“Smith, mi trabajo está terminado.” Polly respondió. “Dios me quiere a su lado”.

Polly y Smith dialogaron por un rato, entonces Wigglesworth dijo: -“ Está bien, te dejaré ir.”

Polly se recostó sobre la almohada y partió con el Señor. Smith se sometió a la voluntad de Dios. Desde aquel día la unción de Dios estuvo sobre su vida y se convirtió en uno de los hombres más renombrados del mundo por su fe y autoridad.

Dios sabe lo que es mejor. Dejémosle nuestro ser amado a él.

Me encanta este poema escrito por una autora no muy conocida que expresa la petición de quien Dios llamara a su presencia:

¿DEBERIA PARTIR AHORA?

¿Debería partir ahora?

¿Piensas que es el tiempo correcto?

¿Debería decir adiós a los días llenos de dolor

y a las largas noches sin dormir?

 

Viví mi vida e hice lo mejor

un ejemplo traté de ser

¿Puedo entonces dar un paso más

y mi espíritu liberar?

 

Al comienzo no deseaba partir

luché con todo mi ser

Pero ahora algo parece llevarme

hacia una luz cálida y amorosa.

 

Deseo partir, realmente lo deseo

me resulta difícil quedarme

pero lo intentaré lo mejor que pueda

vivir sólo por un día más.

 

Para darte tiempo para cuidarme

y compartir tus miedos y tu amor.

Sé que estás triste y temeroso

lo veo en tus lágrimas.

 

No me iré lejos, lo prometo,

y espero que siempre lo sepas

que mi espíritu estará cerca de tí

adondequiera que vayas.

 

Gracias amado por amarme,

tú sabes que te amo también,

por eso es difícil decir adiós,

y esta vida contigo terminar.

 

Por eso bésame ahora, sólo una vez más,

y permíteme escucharte decir

que porque te preocupas tanto por mí

hoy me dejarás partir.

                                                  — Susan A. Jackson

Mientras el poema mencionado arriba expresa los sentimientos de un corazón puro y bueno, existe algo triste acerca de él. La autora no parece conocer al Señor Jesucristo como su salvador personal, ni tampoco tiene la esperanza de encontrarse con él después de la muerte. La autora habla solamente de una “luz cálida y amorosa.”

Mientras el sufrimiento es una cosa difícil de experimentar éste ayuda al enfermo a partir de este mundo y también ayuda a sus seres amados a dejarlo ir. Quizás esta es una de las razones por las cuales Dios tiene que permitir que algunas personas sufran.

LAS “ALAS DE MARIPOSA” DE MI PADRE  

Permíteme contarte acerca de cuando mi padre falleció y consiguió sus “alas de mariposa”.

Recuerdo que mi padre era un hombre alto, de buena contextura, robusto y guapo. Siempre estuve orgullosa de él. Era su única hija así que habían estrechos lazos entre nosotros. ¡Todavía puedo ver su sonrisa y sus lágrimas también!

Mi padre vino a la India a visitarme cuando estaba levantando la carpa para evangelizar en el norte de India. Después que regresó a casa no se sentía bien. Comenzó a tener problemas intestinales. Me encontraba ministrando en Alemania cuando supe que mi padre tenía cancer. Quería ir a casa inmediatamente, sin embargo el Señor me habló que esperara por un tiempo. Estaba llevando Biblias a través de la cortina de hierro y este trabajo era muy importante.

Entonces un día el Señor me habló claramente y me dijo que iba a llevarse a mi padre a Casa. Me dijo que debía regresar a casa y permanecer con mi padre durante los últimos días de su vida. También me dijo que no fuera a pedirle que sanara a mi padre porque este era su tiempo para ir a casa con Dios.

Cuando entré en su habitación donde estaba recostado en su cama me sobresalté por su apariencia, mi padre se había deteriorado tanto desde la última vez que lo había visto no hacía mucho tiempo atrás. Estaba delgado y amarillo. Sin embargo estábamos felices de estar juntos. Le ayudé a mi madre a cuidar de él. No tenía dolor no obstante estaba muy débil. Mi padre había sido una vez tan fuerte que podía levantar un objeto de cuatrocientos cincuenta kilos, sin embargo ahora estaba tan débil que no podía hacer sonar una pequeña campana. Nunca sintió dolor y nunca necesitó una pastilla para el dolor aún cuando su cuerpo estaba lleno de cáncer. Sin embargo mientras yacía allí en su cama detesté verlo tan débil e indefenso. Difícilmente podía alimentarse y mi madre no tenía fuerzas para levantarlo. Jim voló desde California para ayudar a cuidar de él. Todavía no estábamos casados, sin embargo se convirtió en un enfermero para mi padre. Su amabilidad y amor fueron un regalo de Dios para mi padre, mi madre y para mí.

Me estaba poniendo ansiosa porque mi padre se demoraba en partir. Había hecho planes para ministrar en la India y me temía que tendría que cancelarlos. Comencé a pedirle al Señor que por favor se llevara a papá a Casa. La carga se estaba volviendo pesada.

Entonces el Señor me habló muy firmemente y me dijo: “¡No te atrevas a pedirme que me lleve tu padre a Casa ni un día antes de que sea su tiempo para ir!” Entonces Dios me mostró un gusano en el proceso de convertirse en mariposa. Estaba en su capullo esperando para que se formaran sus alas. Si alguien quisiera acelerar las cosas y abrir el capullo destruiría las obras creativas de Dios y la mariposa nunca tendría sus hermosas alas de colores ni tampoco podría de volar. Dios me mostró que fue a través de su sufrimiento que mi padre estaba siendo perfeccionado espiritualmente y transformado en la semejanza de Jesús. El Señor me dijo que le hablara a mi padre y que le compartiera lo que él me había mostrado, porque mi padre estaba muy preocupado de que su enfermedad me estaba impidiendo hacer la obra del Señor. Mi padre conocía mi gran amor por India y mi carga para regresar allí.

Aquella mañana me arrodillé al costado de la cama de mi padre y le dije lo que había en mi corazón: “ Papi, siento que estás muy ansioso porque el Señor te lleve a casa, de tal manera que yo pueda estar libre para regresar al campo misionero, sin embargo Dios me dijo que todos debemos esperar su perfecto tiempo porque él está haciendo una obra en tu vida. Te está transformando en una hermosa mariposa. A través de tu sufrimiento una obra de gracia y perfección está siendo realizada en tu vida, la cual no podría lograrse de ninguna otra manera. Todos debemos ser pacientes papi.”

Las lágrimas se acumularon en sus ojos y rodaron por sus mejillas. Inclinó su cabeza lentamente y dijo: “Hija, tienes razón!” Entonces acariciando mi mano añadió: “¡Nunca dejes de predicar el Evangelio!”. La única cosa que vale la pena en este mundo es salvar las almas. Todo lo demás es basura.”

Muchos días después vi que estaba luchando para poder respirar. Llamé al doctor y le pedí que por favor viniera y viera a mi padre y trajera alguna clase de oxígeno. El doctor se negó a venir porque era el comienzo del fin de semana en que se celebraba el día del trabajador (en aquel momento estábamos viviendo en las cataratas del Niágara, Nueva York). El doctor dijo: “si desea ayudar a su padre llame a una ambulancia y llévelo al hospital”.

Traté de razonar con él: “Pero mi padre no quiere regresar al hospital, mi madre y yo queremos cuidar de él aquí en casa”.

Esto hizo que el doctor se enojara y dijo: “Le causarán un sufrimiento terrible por semanas. Se pondrá peor y peor hasta que muera en agonía. ¡Les digo que lo lleven al hospital!”.

Cuando colgué el teléfono me volví hacia Dios y le dije: “Señor, esto es lo que dice el doctor, ahora tú contradecirás a aquel hombre”.

Fui al costado de la cama de mi padre, me senté con un himnario y comencé a cantar acerca del cielo. Mi madre se unió a mí y Jim hizo lo mismo. Cantamos canción tras canción por cerca de treinta minutos y mientras estaba mirando a mi papi ví que “se quedó dormido” en Jesús. Mi madre no se dió cuenta de esto, ni tampoco Jim. Mamá se puso de pie para mover los pies de mi padre y a medida que lo hacía dijo: “¿Ed están tus pies fríos? Sus pies estaban cubiertos. Mi madre dió la vuelta al otro lado de su cama. No se dió cuenta que mi padre no estaba más con nosotros. ¡Sólo yo lo supe!

Despacio le dije: “¡Mami, papá se ha ido!” Cuando miré hacia arriba, “ví” en el espíritu a su espíritu ascendiendo hacia Dios. Papá se detuvo en la esquina de la habitación para mirar hacia atrás donde estábamos nosotros y entonces le dije: “gracias papi, por orar por mí cuando estaba perdida. ¡Nunca perdiste la esperanza de que algún día sería salva!”

Regresé a donde estaba el teléfono y llamé al doctor nuevamente. “ Mi padre acaba expirar” le dije. Apenas había transcurrido una hora desde que había hablado con él la última vez cuando me dijo que mi padre sufriría por muchas semanas. No podía creerlo. ¡Probablemente no lo hizo! ya que dijo: “Iré para allí ahora mismo”.

Mientras esperaba por el doctor le pregunté a Dios: “¿Señor, porqué papá no tuvo que sufrir como el doctor dijo que sufriría?”

El Señor me respondió con palabras que nunca olvidaré: “Porque tu padre nunca causó alguna vez que alguien más sufriera hablando mal o hiriéndo a la persona con palabras crueles. Nunca desparramó el chisme y ni siquiera compartió jamás la verdad acerca de alguien si sentía que esto daría un mal informe de aquella persona. Nunca causó dolor con su lengua, por lo tanto yo nunca permitiría que él que sufra”.

Cuando el doctor terminó de examinarlo y de firmar el certificado de defunción llamó al jefe de la funeraria para que viniera y se llevara el cuerpo de mi padre. ¡El doctor estaba atónito! Cuando el doctor se sentó allí donde estaba el teléfono le dije: “Usted dijo que mi padre sufriría, sin embargo él no sufrió. Le diré porqué.” Y entonces le dije lo que Dios me había dicho. El doctor movió su cabeza, esto estaba más allá de él. Estoy casi segura de que el doctor era judío. Creo que esto fue un testimonio para él de la grandeza de nuestro Jesús.

Esto sucedió en septiembre de 1972. Todavía hoy extraño a mi padre. Sin embargo sé que nos encontraremos nuevamente y que él estará bien, fuerte y buen mozo como era cuando mi madre se enamoró de él. Y tendrá una belleza en Cristo que nunca tuvo antes de que sufriera. Tendrá sus “alas de mariposa”.

¡Es por este motivo que la eutanasia es tan incorrecta! No le damos tiempo a Dios de hacer “mariposas”. Es en los días de dolor y sufrimiento que Dios realiza una obra en nosotros, la cual no le permitiríamos hacer en nuestros días saludables. Cuando somos jóvenes, fuertes y saludables pensamos que tenemos todo el tiempo para prepararnos para la eternidad. Sin embargo cuando Dios nos pone en el lecho de enfermedad tenemos tiempo para mirar en nuestros corazones y ser honestos con nosotros mismos. Le damos a Dios y a nosotros mismos el tiempo para hacernos hermosos por toda la eternidad.

Mi vida no es si no un tejido,

entre mi Señor y yo,

No puedo elegir los colores

él trabaja con determinación.

 

A menudo él teje tristeza,

y en mi necio orgullo

me olvido que él ve desde arriba

lo que yo veo desde abajo.

 

No es sino hasta que el telar está en silencio

y las lanzaderas dejan de pasar

que Dios desenvuelve la tela

y explica la razón del porque.

 

Los hilos oscuros son tan necesarios

en la mano habilidosa del hilador

como lo son los hilos de plata y oro

en el diseño que él planeó.

                                         Grant Colfax Tullar

 Las enseñanzas de Jesús nos advierten muy seriamente que el tiempo para prepararnos para el bienestar eterno de nuestras almas es mientras estamos aquí en la tierra. Esto no nos dá ninguna esperanza de poder orar para que nuestros seres amados salgan de purgatorio, como algunas veces se enseña por los teólogos de la iglesia.

El énfasis está dado en aceptar la salvación mientras estamos vivos. Tu alma es aquella “vida de Dios” la cual te fue dada por Dios mismo. Jesús advirtió que es posible para una persona ganar a todo el mundo y perder su propia alma. Jesús también preguntó: ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (San Mateo 16:26).

La Palabra de Dios también nos advierte que debemos preocuparnos por la salvación de aquellos que no conocen al Señor como su salvador. El Espíritu Santo desea que les testifiquemos. Uno de los más grandes ministerios es el de ser capellán en un hospital.

Cuando vivía en Hong Kong dediqué un año durante el tiempo de la Pascua para ministrar a los enfermos y a aquellos que estaban muriendo en los hospitales. Fue una experiencia muy gratificante y me dio mucha alegría , aunque fue difícil el ver tanto sufrimiento.

Podemos rescatar a las personas de las llamas del infierno en las últimas horas y momentos de sus vidas diciéndoles acerca de la gracia salvadora de Jesús y podemos ayudarles a dar sus primeros pasos hacia el cielo.

Querido lector, si usted nunca aceptó a Jesús como su señor y salvador, deténgase ahora mismo y ore esta oración:

LA ORACION DEL PECADOR

Querido Jesús, reconozco que soy un pecador. Tú conoces todos mis pecados y me arrepiento por los pecados que cometí. ¡Por favor perdóname! Creo que moriste por mí y que derramaste tu sangre para limpiar mis pecados. Por favor limpiame de mis pecados ahora. Ven a mi corazón. Te entrego mi vida. Ya sea que viva o que muera , viviré para tí desde ahora en adelante. Gracias por amarme y por escuchar mi oración, la cual oro en el nombre de Jesús. Amén.

 

Traducción al español Fabiana Rodriguez. Departamento de Traducción S & STF

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