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Marzo/
Abril 2007
Amado intercesor:
Le saludo cariñosamente con San Juan 16:22 “También vosotros
ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará
vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.”
Esta es la Escritura que el Espíritu Santo me dio el día
anterior a que se llevara a casa a mi marido papá Jim. Estaba
pensando acerca de la gran posibilidad que existía de su muerte
inminente y me sentía triste. Jesús sabía como me sentía. La
muerte es algo tan determinante ¡tan doloroso! Fue entonces
cuando el Señor me dio la promesa mencionada arriba.
Con toda seguridad Dios conoce nuestra tristeza y el dolor que
sentimos en el corazón, no obstante nos promete que el día viene
cuando veremos nuevamente a aquel a quien amamos y estaremos
contentos una vez más y esta vez no perderemos nuestro gozo ya
que no tendremos que separarnos jamás. La partida es algo muy
doloroso. Siempre la detesté. Sin embargo gracias a Dios nunca
tendremos que decir adiós en el cielo.
Sé que la Escritura mencionada arriba hace referencia
originalmente a Jesús cuando le prometió a sus discípulos que
resucitaría después de su muerte y se comunicaría con ellos. No
obstante cuando el Espíritu me dio esta Escritura fue una
palabra rema del Señor para mi corazón la cual me decía que aún
cuando Jim y yo estuviéramos separados por un tiempo nos
veríamos nuevamente y nos regocijaríamos juntos por siempre. Y
esto es lo que nos ayuda a no lamentarnos por la muerte de
nuestros seres amados como aquellos que no tienen esperanza:
“Bendita sea la muerte de aquellos que mueren en el Señor”.
PAPA JIM “CRUZO EL JORDAN”:
Jim “cruzó el río Jordán” el día 5 de marzo a las seis de la
mañana en el asilo de ancianos de Jasper donde estuvo internado
por seis días y seis noches. La ambulancia le llevó hasta allí
desde el hospital St. Johns ubicado en Springfield, Missouri a
donde había sido sometido a exámenes para determinar el porqué
estaba padeciendo de un dolor tan agudo en su espalda.
Acabábamos de regresar de un crucero breve a las Bahamas
destinado para madres e hijas al cual había sido invitada para
predicar. La noche antes de partir hacia el crucero Jim se quejó
de fuertes dolores de espalda. Le dije que no era necesario que
fuera, sin embargo quería hacerlo porque: “Gwen podía
necesitarle”.
Papá Jim parecía disfrutar del crucero aunque permaneció en cama
mucho tiempo debido al dolor en su espalda. Pronto comencé a
notar que se estaba volviendo olvidadizo así que cancelé
nuestras reuniones en Florida y regresamos a Engeltal. Llamé a
nuestro doctor y me dijo que le llevara a la sala de emergencias
a la mañana siguiente de nuestro arribo a casa durante la noche.
Después de un rápido examen los doctores le enviaron en
helicóptero al hospital en Springfield, Missouri. Allí fue
cuando descubrieron que tenía tres tumores grandes en su cabeza.
Los doctores nos dijeron que sólo le quedaban semanas de vida o
quizás sólo días. ¡Era tan difícil de creer! Papá Jim entró en
un estado de coma parcial el cual aumentó en severidad y
duración. Después de una semana le quitaron el suero y todos los
fluidos se detuvieron inmediatamente porque no podía tragar.
También suprimieron los esteroides que mantenían baja la
inflamación del cerebro creando una falsa expectativa de vida.
Papá Jim entró en un estado de coma profundo del cual nunca se
despertó hasta que se encontró cara a cara con Cristo su
salvador.
Le leí sus cartas, tarjetas y correos electrónicos. Escuchó su
lectura y sonrió a veces. Los doctores me dijeron que la
audición es lo último que se pierde así que continué hablándole
como si pudiera escucharme.
LAS ULTIMAS PALABRAS DE PAPA JIM:
Durante los momentos en los que estuvo de alguna manera
consciente papá Jim oró con mucha lucidez la oración del Padre
Nuestro tres veces en medio de su lucha por respirar. Después de
ello y por tres horas sobrevino sobre él una paz, un descanso y
una lucidez tan grandes que comenzó a orar por arrepentimiento,
consagración, unidad en el cuerpo de Cristo, unidad de corazón,
mente, visión y renuevo. También impuso las manos sobre todos
aquellos que se encontraban con él en la habitación- la
enfermera comenzó a llorar muy conmovida. Jim nunca estuvo solo.
Pasé muchas horas con él y cuando no pude hacerlo alguien de
nuestro staff, amigos o parientes permanecieron a su lado. Una
de sus últimas palabras fueron: “Traté de hacer lo mejor,
pero cometí errores y le pido a todos a quienes herí que me
perdonen. Desearía poder haber hecho mucho más, pero parece que
se me acabó el tiempo.”
Cuando uno está con vida ésta parece tan larga, pero cuando uno
se encuentra al final y mira hacia atrás parece tan corta.
Parecía como si papá Jim estuviera viendo cosas por venir al
anunciar: “Ahora la transición, la visitación de Dios” y
al declarar: “Es el nacimiento de una nueva nación”.
Cuando le
pregunté si quería regresar desde el hospital en Springfield a
casa en Engeltal o ir al cielo me respondió con una sola
palabra: “cielo”. ¡Y allí es donde está hoy!
PAPA JIM FUE AMADO EN VIDA Y DESPEDIDO CON GRAN HONOR:
Jim tuvo el funeral más glorioso al cual haya asistido alguna
vez. El Tabernáculo de Gloria, edificio que fuera su visión y
deleite, estuvo colmado el miércoles 7 de marzo, día en que
muchas personas que le amaran le rindieran homenaje con palabras
amables al compartir cómo Jim había sido una bendición en sus
vidas. El servicio estuvo a cargo del reverendo Robert Doorn.
Sus amigos el capitán Bert Crevier y el comandante Ray Crevier
permanecieron como centinelas a la cabeza y a los pies de su
ataúd con espadas desenvainadas durante todo el servicio.
Las flores que muchos de ustedes enviaron decoraron el humilde
tabernáculo rindiéndole gran honor. Habían tantas flores que la
florería local agotó su stock.
Jim fue enterrado vestido con su uniforme de la Fuerza Aérea en
un simple ataúd de madera fabricado por un carpintero local y
donado por un amigo. El ataúd fue cubierto con la hermosa
bandera de los Estados Unidos. Jim nunca lució tan apuesto. Diez
hombres de la Fuerza Aérea condujeron desde la base militar en
Little Rock para participar del servicio de entierro que tuvo
lugar en nuestro pequeño cementerio aquí en Engeltal. Sus
veintitrés años de dedicación y servicio por su patria fueron
reconocidos con honores militares incluyendo un saludo de 21
tiros al aire y música del ejército. El escuchar esta melodía
melancólica sonando a la distancia fue uno de los recuerdos más
conmovedores de mi vida. Lloré.
Después del entierro se sirvió una comida deliciosa preparada
por nuestro dedicado staff con ayuda de aquellos que fueron como
ángeles para todos los invitados.
GRACIAS POR SU EXPRESIÓN DE AMOR:
Deseo agradecerle por sus ramos de flores, tarjetas, cartas,
correos electrónicos, llamadas de teléfono, faxes y regalos los
cuales expresan su amor por Papá Jim, su preocupación y cuidado
por mí , por la familia de Engeltal y sus seres queridos.
Aquella misma tarde en la cual tuvimos la apertura de nuestra
reunión de campamento de invierno me paré frente al púlpito para
predicar la palabra que el Espíritu Santo me había dado: “Y
ellos fueron llorando”. Este fue mi primer sermón como
viuda.
A medida que cruzo las aguas por las cuales nunca antes navegué,
ya que este es un viaje nuevo para mí, sus oraciones me
sostienen por la gracia de Dios, el amor y la ayuda de mi staff
compuesto por hombres y mujeres maravillosos quienes también
están de duelo ante la pérdida de su “Papá”.
Le amo y aprecio mi querido amigo.
Hermana
Gwen
Traducción
al español Fabiana Rodriguez. Departamento
de Traducción S & STF.
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