End-Time Handmaidens and Servants angel


 
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Ve por la medalla de oro

Hermana Gwen Shaw

Extracto de la carta de oración de las S y STF

 correspondiente al día 17 de febrero del año 2006

Amado intercesor:

   Quiero saludarle en el nombre de Jesús con las palabras del mensaje que Dios me diera anoche en la reunión de apertura. El mensaje que Dios puso en mi corazón fue: “Vé por el oro”. Esta Escritura corresponde a la Biblia “El Mensaje” (The Message en inglés) 1 Corintios 9:24: “Todos ustedes estuvieron en el estadio y vieron la carrera de los atletas. Todos corren, pero sólo uno gana. Corre para ganar. Todos los buenos atletas se entrenan duro. Lo hacen por una medalla de oro que se descolora y destiñe. Pero tú buscas una medalla de oro la cual es eterna. No sé acerca de ti, pero yo estoy corriendo firme hacia la línea de llegada. Estoy dando todo lo que tengo por ello. ¡No es una vida sentimental  para mí! Estoy alerta y en la mejor condición. No seré sorprendido durmiendo la siesta. No vaya a ser que le diga a todo el mundo acerca de esto y luego yo mismo sea eliminado.”

   Durante estas dos últimas semanas estuvimos mirando a los atletas del mundo en Torino. Los ojos de todo el mundo se encuentran en aquel lugar. Los jóvenes de todas las naciones fueron e hicieron todo lo posible y lo mejor para ganar la carrera para su nación.

   Tú y yo fuimos desafiados y llamados por Dios para correr una carrera que será por el tiempo que dure nuestra  vida y que tendrá como premio recompensas eternas. Es tan importante que vayamos por el oro.

   Existen tres premios para los ganadores: el primer lugar, el segundo y el tercero. Los premios tienen la forma de medallas que los ganadores pueden usar en sus cuellos o colgar en la pared. La primera de todas es la medalla de oro, la segunda es la medalla de plata y la tercera la de bronce como todos sabemos.

   Una cosa extraña tocó mi corazón al leer la declaración realizada por la ganadora de la carrera de patines de corta velocidad una joven rusa llamada Svetlana Zhurova en el periódico USA del día de hoy 15 de febrero mientras estábamos volando. Svetlana hizo el siguiente comentario respecto a la campiona del año pasado Wang Manli de China: “Lo siento por ella. El segundo lugar es el peor lugar que existe. Está demasiado cerca del primer lugar”. Svetlana estaba mirando a Wang Manli llorar cuando vio que había obtenido el segundo lugar.

   A ti y a mí nos podría parecer que el segundo lugar es bastante bueno, pero quiero decirte que cuando compites por el oro la plata es sólo lo segundo de lo mejor.

   Muchos de nosotros tendremos que colgar nuestras medallas de plata cuando lleguemos al final de nuestras vidas. Cuando pensemos que le dimos a Dios lo mejor y encontremos al final de la carrera de nuestra vida que sólo le dimos lo segundo de lo mejor...que él fue la segunda elección en nuestras vidas...o mucho peor, el bronce-el tercer lugar. Cuántos de nosotros obtendremos el primer lugar- la medalla de oro- porque las elecciones que hicimos no fueron las correctas, porque las decisiones que tomamos no fueron de Dios.

   Cada uno de nosotros tiene un programa detallado de acción en el cielo. Dios lo preparó para nosotros antes de que viniéramos a la tierra. Si podemos cumplirlo exactamente como él desea, entonces habrá una maravillosa recompensa en el cielo, una recompensa eterna. Pablo le llamó corona, sin embargo en el lenguaje actual sería una medalla de oro.

   Debemos perseguir aquella recompensa eterna. Debemos dar lo mejor cada día de nuestra vida de tal manera que podamos ser ganadores al final. Es tan peligroso perder. Dios quiere que demos lo mejor de tal manera que podamos ser una bendición para el mundo. Sé que si hago algo y no es lo mejor que pudiera haber hecho siempre me siento mal porque sé que podría haberlo hecho mejor...Si hubiera orado más...Si hubiera trabajado más...Si hubiera dado más de mí misma...Si hubiera sido más obediente al llamado del Espíritu Santo. Podría haberlo hecho mejor. Lo lamentaré y no querré ver por siempre en el cielo una medalla de plata colgando de la puerta de mi mansión porque sabía que había una medalla de oro disponible para mí si tan sólo hubiera pagado el precio.

   Existen tantas cosas que pueden detenernos. Pablo dijo en Gálatas 5: 7-10 “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.”

 

   Tenemos que ser cuidadosos. Recuerda a Atlantis quien corrió la carrera. En los tiempos antiguos, en las historias del pasado Atlantis era un corredor que ningún hombre podía detener o atrapar. Siempre era el ganador hasta que alguien le arrojó una manzana de oro y se detuvo para recogerla y perdió la carrera. El diablo tiene muchas manzanas de oro que nos arroja para mantenernos lejos de lo mejor de Dios, para quitar nuestra atención de lo que estamos llamados a hacer. Un momento para salir al costado y recoger aquella manzana dorada marcará toda la diferencia en nuestra recompensa eterna. Sé que el enemigo puede ofrecernos todo lo que tiene un nombre, toda la riqueza que queremos y las cosas terrenales, pero no debemos detenernos por aquellas manzanas de oro que el enemigo está dejando caer.

 

   Oro a Dios para que nos dé la fortaleza de no distraernos, de no tomar atajos fuera de la voluntad de Dios para nuestras vidas. Algunas personas perderán a Dios a causa del dinero, porque quieren hacer dinero, algunas otras perderán la voluntad de Dios a causa de un hombre o de una mujer que no se encuentra en el plan de Dios para sus vidas (a causa de la atracción de la carne,  los deseos físicos o de la necesidad de compañía para el corazón... de un amor que quizás no es de Dios) Filipenses 3:12-14:  “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

 

   Svetlana pagó un gran precio para conseguir su medalla de oro. Le demandó muchas horas de concentración en el entrenamiento y tiempo  de estar alejada de su hijo de dos años durante las últimas semanas. Sólo pudo hablar con él por teléfono. No le vio dar sus primeros pasos cuando aprendió a caminar. Svetlana dijo que le iba a dar su medalla de oro con las palabras “perdóname” y que este sería su regalo para él.

 

   Tienes que tomar una decisión en la que sin interesar lo que suceda no volverás atrás. Cuando naciste escuchaste el disparo que largó la carrera por todos los años de tu vida y significa que la comenzaste y  que estás corriendo. Quiera Dios ayudarnos a no volver atrás, a no detenernos por un momento, sino a continuar hacia delante hasta que ganemos el premio. Estamos en el estadio de la vida y hay personas a nuestro alrededor mirándonos.

 

   En Hebreos 12:1-3 leemos: ”Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.”

 

   Quiero alentarte con estas palabras. ¡Continúa adelante! Algún día podrás decir como Pablo cuando escribió su última carta a Timoteo (2 Timoteo 4:6-8): “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.“

 

   Existe un premio para ganar- es la medalla de oro eterna. Amado, quiero decirte, quiero advertirte, que como Pablo estoy llegando al final de mi carrera. Quiero alentarte a continuar. Quiero que sepas que hay una carrera para ganar y quiero alentarte a que des todo lo que tienes en ella. Ve por el oro de la manera en que estos jóvenes lo hicieron...algunos de ellos cayeron...algunos estaban grandemente lesionados, sin embargo se levantaron e intentaron todo de nuevo y ganaron. Ese eres tú y esa soy yo. No te des por vencido/a cuando tengas una mala caída, levántate y continúa. Dios te bendecirá. No estarás solo/a.

 

   Dios te bendiga querido intercesor.

 

   Te amamos.

 

 

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